Si conoces los errores que hacen que tu casa sea un lugar insalubre podrás evitarlos.

Hace poco me di cuenta de un error garrafal que estaba cometiendo: creía que porque mi casa se veía limpia, y porque tenía un buen aroma, significaba que estaba pulcra e higiénica. Seguro tú has pensado lo mismo, pero la higiene del hogar va mucho más allá de lo superficial.

Hay espacios de la casa a los que no les prestaba suficiente atención, tareas del hogar a las cuales no daba relevancia y las iba postergando y postergando, porque pensaba que era una exageración preocuparse por esas pequeñeces y, además, no quería volverme una de esas personas obsesionadas con la limpieza.

Errores que hacen que tu casa sea un lugar insalubre

Pero resulta que justo debido a esos quehaceres faltantes, justo en esos espacios que nadie nota, se estaban creando refugios ideales para todo tipo bacterias, ¡y sólo era cuestión de tiempo para que me enfermara yo o mis hijos!

No se trata de volverse obsesivo con la limpieza, sino de algo tan simple como ser un poco más detallista al limpiar.

Añadiendo apenas unos 5 minutos más para repasar esos lugarcitos sucios que nadie ve, te puedes ahorrar largos y terribles días de hospital por una infección estomacal, respiratoria, o hasta de la piel.

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Aquí te voy a contar cuáles son esas fuentes de bacterias que a menudo dejas desarrollarse en el hogar porque piensas que son inofensivos.

Protege tu salud, la de tus seres queridos y hasta la de tus mascotas evitando los siguientes 18 errores que hacen que tu casa sea insalubre.

Errores que hacen que tu casa sea un lugar insalubre y cómo prevenirlo

1. No usar protectores especiales para la ropa de cama

Por lo general se piensa que con cambiar la ropa de cama 1 vez a la semana ya se está manteniendo la higiene.

En efecto es algo de suma importancia, ya que al igual que la ropa que nos ponemos a diario, la ropa de cama se ensucia con nuestro sudor, saliva y piel muerta, y dormir encima de ese tipo de residuos puede causar reacciones alérgicas, hongos y manchas en la piel.

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Pero para protegernos a largo plazo también hay que proteger el colchón.

Los colchones están hechos de material poroso, muy absorbente, el cual va almacenando todas las partículas de suciedad y humedad que atraviesen la ropa de cama, y eso trae 2 consecuencias:

  • El colchón se deforma y adopta mal olor. Tal como una esponja, a medida que absorbe sustancias y residuos su composición va cambiando, se va aplastando y endureciendo en ciertas partes y comienza a desprender olores desagradables.
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  • Se crían ácaros dentro del colchón. Estos conocidos microarácnidos se encuentran dispersos en el polvo, pero sienten preferencia por los lugares cálidos, húmedos y con restos de materia orgánica que les sirva de alimento, tal como la piel muerta que cae en los poros del colchón. Una vez que estas criaturitas escogen tu colchón como su escondrijo no se irán por las buenas, y se convierten en una de las principales causantes de alergias en el hogar.

Para evitar estos 2 inconvenientes utiliza siempre un protector especial para tu cama, un cubrecolchón que sea impermeable y transpirable. Así el colchón no podrá absorber ni partículas ni sustancias y se mantendrá como nuevo.

De cualquier manera, recuerda sacar tu colchón al sol al menos una vez al mes, para que muera cualquier tipo de bacteria que haya logrado anidarse en él.

2. Usar calzado de calle dentro de la casa

Si tú o tus familiares acostumbran a usar el calzado de calle para andar dentro de casa entonces tu piso siempre está contaminado, por mucho que lo limpies.

En varios estudios de Charles Gerba, científico y profesor de microbiología en Arizona, se ha demostrado que en la suela de los zapatos usados se acumulan más de 420.000 bacterias.

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Parece bastante, ¿verdad? ¡Es bastante! Toma en cuenta esta comparación: en un inodoro de un hogar promedio hay alrededor de 1.000 bacterias.

Una de esas bacterias que vienen en los zapatos es la peligrosa Clostridium difficile, causante de diarrea, graves daños en el colon, fiebre, fatiga y dolor abdominal. Se considera la más peligrosa de todas porque tiene una larga resistencia y se reproduce a través de esporas.

Eso quiere decir que una vez que la C. difficile llega a tu hogar en una suela de zapato, puede mantenerse viviendo en el suelo y en el aire por hasta 5 meses; y como si fuera poco, es muy difícil de limpiar con efectividad, pues se adapta incluso a muchos químicos de limpieza, como explican en este estudio de la Sociedad Chilena de Infectología.

¿Aún no te parecen motivos suficientes? En este estudio de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América (IDSA por sus siglas en inglés) se analizó la presencia de C. difficile en distintos objetos del hogar, y se detectó que el más contaminado era el calzado de calle.

Entonces caminas con ellos por tu casa y vas regando esta y otras bacterias por todo el suelo, y te pones en riesgo cada vez que se te cae una prenda de ropa y la recoges, o cuando tus hijos juegan en el suelo, o cuando tu mascota deja caer una croqueta y luego se la come.

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Considerando todo esto, la mejor idea es colocar un pequeño estante junto a la entrada de la casa donde puedas dejar guardados los zapatos y ponerte unas chanclas o unas pantuflas para recorrer tu hogar sin peligro.

3. Llenar la casa de ropa

Sólo dejas una camisa por aquí y unas medias por allá, ¿qué daño podría hacer? El problema no es que pongas la ropa en un sitio incorrecto, sino que por lo general luego se te olvida llevarla a su lugar.

La ropa que te quitas conserva tu sudor, piel muerta, múltiples agentes contaminantes que se adhieren en la calle, y a veces hasta restos de comida.

Por lo tanto, al dejarla tirada sobre el sofá o en la silla por varios días a las bacterias les da tiempo de multiplicarse y moverse, y aún después de que te acuerdes de quitar la ropa, el sitio en el que estaban puestas habrá quedado contaminado.

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Lo mejor siempre será arrojar la ropa a la cesta de la colada apenas te la quites, y así las bacterias se quedarán atrapadas allí hasta que eches todo a la lavadora.

4. Tener la casa llena de plantas

Las plantas dentro de la casa son beneficiosas, limpian el aire, aportan oxígeno, y ayudan a reducir el estrés y la falta de concentración, pero nada en exceso es bueno.

Cuando ya tienes una docena de plantas o más dentro de una misma habitación comienza a haber repercusiones negativas.

Si tienes muchas plantas atraes insectos, como orugas, abejas, hormigas y arañas, y si no te das cuenta a tiempo se pueden reproducir e invadir tu hogar.

También está el problema alérgico. Las plantas liberan esporas, en especial las de flores, que arrojan polen, mientras que en la tierra húmeda tiende a crecer el moho, y estos son reconocidos compuestos alérgenos.

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Tampoco está demás considerar que muchas plantas ornamentales son venenosas, como la hortensia, la azucena, el poto y el floripondio, algunas a través del tacto y otras por la ingesta, lo que pone en riesgo tanto a los niños como a las mascotas.

Por último, no deja de ser importante el asunto de que las plantas generan residuos. Las hojitas secas se caen, y el agua salpica cuando las estás regando, creando lugares húmedos alrededor de la maceta donde se pueden asentar las bacterias.

Escoge bien las plantitas que dejarás dentro de casa, cerciorándote de que no sean venenosas, y pon todas las demás en el balcón, la terraza o el patio.

Si dejas plantas florales en el interior te recomiendo instalar un purificador de aire que atrape el polen y las esporas, como cualquiera de estos purificadores de aire mencionados en esta guía comparativa.

5. No usar el tipo de aspirador correcto

No hay ningún aspirador capaz de limpiar por completo toda la casa y todos sus rincones. Si fuera así no existieran tantos tipos de aspirador, uno para cada necesidad.

Cuando utilizas uno mismo para todo sin evaluar el tipo de suelo, o los niveles de suciedad, es inevitable que algunos espacios se queden a medio limpiar.

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Para que sepas escoger el aspirador adecuado según tus necesidades de limpieza ten en cuenta lo siguiente:

6. Mantener la casa muy caliente

Cuando se acerca el invierno comienza el uso de la calefacción, y si se utiliza de manera desproporcionada se convierte en otra razón de que tu casa sea insalubre.

Las altas temperaturas evaporan toda la humedad dentro de la casa, y con ello se resecan las fosas nasales y la garganta, por lo que ambas se encuentran más vulnerables ante cualquier tipo de bacterias o virus.

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Por otro lado, cuando mantienes tu casa muy caliente experimentas un fuerte contraste de temperaturas cada vez que te toca salir o entrar a la casa, y eso debilita tus defensas, así que te hace más propenso/a a contagiarte de enfermedades.

Trata de mantener tu calefacción entre 21° y 23° para que esto no te ocurra, e instala un humidificador o coloca un cuenco con agua en los espacios de la casa donde pases más tiempo.

7. No limpiar las salidas de aire

No puedes esperar respirar un aire limpio si no limpias las salidas de aire.

Los aires acondicionados, ventiladores, y ductos de ventilación deben ser limpiados de forma regular, al menos una vez al mes, pues se trata de la salud de tu sistema respiratorio. Pero las salidas de aire, en particular, es muy importante mantenerlas limpias.

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Éstas suelen tener rejilla, filtro, o ambos, en donde se quedan atascadas muchas partículas de polvo y suciedad, lo cual es positivo; pero si no las limpias durante mucho tiempo se van sobrecargando de impurezas y se tapan, por lo que el aire encuentra resistencia para salir y de un momento a otro termina llevándose por el medio toda la suciedad que estaba tapando la salida y la esparce por el ambiente, causando alergias.

Si tienes la suerte de que el aire no llegue a impulsar la suciedad por todos lados, al menos te aseguro que esa suciedad le impedirá fluir con fuerza, y en consecuencia el aire de tu casa estará más denso y cargado de partículas indeseadas.

Para evitar esto, aspira y limpia las salidas de aire al menos una vez a la semana.

8. No cambiar las toallas

Existe una creencia de que las toallas no se ensucian porque se utilizan justo después del baño, pero en realidad es todo lo contrario.

Cuando te bañas y te restriegas estás eliminando de tu cuerpo todas las células muertas y microbios adheridos por las actividades diarias, y lo que no se cae con el enjuague se queda pegado a la toalla cuando te secas.

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Quizás no sean tantas bacterias en un principio, pero la toalla es un lugar húmedo, tibio, y con oxígeno, con todas las comodidades para que esas bacterias se reproduzcan y se fortalezcan.

A razón de esto, si no cambias tus toallas con regularidad se convierten en fuentes de enfermedades, reacciones alérgicas y hongos de la piel.

Si tienes cómo poner a secar tu toalla cada día después de utilizarla, ya sea al sol o en la secadora, puedes esperar a cambiarla 1 vez a la semana.

Pero si siempre dejas tu toalla en el baño y se queda húmeda durante un buen rato, no la uses por más de 3 días.

Si no recuerdas cuántos días has utilizado una toalla guíate por el olor. Si aún huele al jabón de lavar ropa, todo está correcto, pero si ya comienza a tener un olor a humedad, eso es señal de vida bacteriana, ¡a la lavadora!

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9. Olvidarte de la alfombra de baño después de cada ducha

Las alfombras del baño son un caso muy parecido a las toallas. Si las dejas húmedas por mucho rato se convierten en el hogar de múltiples bacterias, e incluso comienzan a generar moho en sí mismas y en la superficie del piso.

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Es importante que recuerdes colgar la alfombra al sol para que se seque, todos los días después de bañarte, así como también meterla a lavar al menos 1 vez a la semana.

10. No ventilar el baño

Seguro te pasa como a mí y la mayoría de las veces sales de la ducha con prisa, pensando en qué te ropa te vas a poner y en qué vas a preparar de desayuno, y rara vez tomas las previsiones para ventilar el baño.

Esto es un grave error. Y no sólo por los olores del baño, como se podría pensar, sino por los distintos vapores que se concentran en el baño y que son perjudiciales para tu salud.

Los vapores del agua caliente se condensan en las paredes y espejos, formándose una capa de pequeñas gotas que promueven el crecimiento de moho en las uniones de los azulejos, el cual puede irritar la nariz, boca y garganta, y causar erupciones y otros síntomas parecidos a los de la gripe.

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Los vapores de los productos químicos con los que limpias el baño tampoco pueden quedarse sin ventilar. Esos vapores pueden resistir durante horas en el aire, y si te expones a ellos de manera prolongada puedes desde sentir un leve dolor de cabeza hasta sufrir daños en el sistema respiratorio e inmunológico.

Procura instalar un extractor de aire que expulse estos vapores al exterior de tu vivienda. Y si ya tienes uno, recuerda dejarlo encendido cada vez que te duches y cuando hagas limpieza.

11. Tener la casa desorganizada

El desorden de la casa también afecta la salud. Por un lado la salud psicológica, pues el desorden propicia el estrés, la ansiedad, la falta de concentración y la depresión.

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Y por otro lado se mucho más difícil la tarea de limpiar, porque todos esos espacios que deberían estar despejados tienen cúmulos de cosas, y como no hay tiempo para levantarlas todas entonces te limitas a limpiar alrededor de ellas.

Esto causa que la limpieza sea poco efectiva, y que se queden acumulaciones de polvo y suciedad debajo de todos esos objetos que están ubicados donde no corresponde, por lo tanto, van aumentando las posibilidades de contraer alguna alergia.

Para lograr ganarle al desorden échale un vistazo a esta guía de 12 hábitos de la gente con casas limpias.

12. Dormir con la mascota

Las mascotas son parte de la familia, hay que tratarlas con amor y proporcionarles sus comodidades correspondientes; pero permitirles que duerman en la misma habitación y hasta en la misma cama que los humanos se excede un poco de lo racional y atenta en contra de tu salud.

Los perros, gatos y demás mascotas de compañía sueltan grandes cantidades de pelo, babas y caspa, y cada uno de esos es un alérgeno.

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Puede que no te causen alergia en la cotidianidad, pero al pasar toda la noche junto a la mascota el cerebro lo toma como una sobrecarga a su sistema inmunológico y puedes desarrollar hipersensibilidad, lo que hará que comiences a sentir alergia por tus mascotas tras cualquier interacción durante el día o hasta por los pelitos que se queden adheridos a tu ropa.

Además, las mascotas no suelen usar zapatos ni ropa, y se la pasan echados en el piso, por lo que aun en un hogar con el piso pulcro, tus mascotas siguen estando mucho más sucias que tú. Eso haría necesario que la ropa de la cama se cambie con demasiada frecuencia, aumentando tus quehaceres diarios y tus cargas de ropa sucia.

No te permitas llegar a esto. Establece un sitio cómodo y tibio para tus mascotas fuera de tu habitación, y créales el hábito de dormir allí.

Si tus mascotas ya se han acostumbrado a dormir en tu cama, puede que sea necesario que tú te acuestes en la camita de ellos unos minutos a diario, para que vayas dejando tu aroma allí y eso les incentive a utilizarla.

13. No usar un purificador de aire

No tienes idea de todo lo que hay en el aire dentro de tu vivienda. El aire en el interior de las casas tiene partículas estancadas de humo, compuestos orgánicos, bacterias, virus, acumulaciones de polvo, moho, residuos generados por las mascotas, entre otros, y se comprobó que el aire dentro del hogar está entre 2 y 5 veces más contaminado que el aire del exterior.

Si no utilizas un purificador de aire te estás resignando a respirar toda esa contaminación, la cual poco a poco va causando efectos negativos en la salud, como alergias perennes en la piel, ojos o sistema respiratorio.

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La contaminación del aire también perturba los ciclos de sueño, por lo que notarás una gran mejoría en tu descanso y en tu energía diaria cuando tengas un purificador de aire.

Considerando sus varios beneficios, te resulta mucho mejor invertir en este aparato que en caras consultas médicas.

Pero antes, resuelve todas tus dudas leyendo las preguntas y respuestas más frecuentes sobre los purificadores de aire en esta guía comparativa.

14. No airear la cocina cuando cocinas

Después de cocinar, el aire de la cocina queda lleno de olores, vapor, humo, grasa y humedad, y esas partículas pueden quedar suspendidas en el aire durante horas, adhiriéndose a tu ropa, a los mesones y a los diferentes pequeños electrodomésticos que tengas en la cocina.

Esto causa que las tareas de limpieza en la cocina sean más difíciles y requieran el doble de tiempo.

Para evitar esto recuerda abrir todas las ventanas de la cocina una vez que termines de cocinar, o mueve tu purificador de aire hasta la cocina en caso de que hayas comprado uno.

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Si escoges un purificador con filtro de carbón activado será efectivo incluso para eliminar los olores que quedan al cocinar.

15. No limpiar la nevera

Quedó un pedazo de pizza en la caja, y ¡pum! a la nevera. Alguien te regaló un dulce artesanal que no quisiste probar en el momento y ¡pum! a la nevera. Sobró la mitad de la mascarilla de aguacate que te hiciste, y… ¿a dónde va? exacto, ¡a la nevera!

La nevera se va convirtiendo en una especie de desván donde vamos acumulando cosas que luego olvidamos para siempre, y nos topamos con varias sorpresas en descomposición cuando por fin nos dignamos a hacer la limpieza.

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Esto es más peligroso de lo que crees. La temperatura de la nevera no es tan fría como para mantener a raya a las bacterias. Así como es posible que las cosas se descompongan, es posible que esas bacterias de descomposición se desplacen y se instalen en los otros alimentos que sí estaban en buen estado, contaminándolos. Un alimento puede verse bien y oler bien y de todas maneras estar contaminado, y justo eso es lo que lo hace tan peligroso.

Las infecciones estomacales no son algo que deba tomarse a la ligera. Si tienes suerte causan sólo un simple reflujo y náuseas, pero también pueden generar diarrea, úlceras gástricas, cáncer de estómago y hasta la muerte. Y todo por comerte ese pedazo de pizza mal tapado que se veía perfecto y olía delicioso.

La limpieza de tu nevera tiene que ser constante. No cada mes, ni cada semana. Cada día, cuando busques lo que vas a utilizar para cocinar, tómate un par de minutos para revisar todo lo que hay y sacar todo lo que esté viejo, vencido, que no tenga fecha de caducidad o que no haya sido guardado dentro de un envase adecuado, pues todos esos son posibles nidos de bacterias.

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Y por supuesto, una vez al mes sí te tomas el tiempo de sacarlo todo para limpiar a profundidad, y lavar las bandejas y soportes internos de la nevera. Así eliminas otras potenciales fuentes de infección como los restos de bebidas derramadas.

16. No limpiar bien el fregadero

En el fregadero siempre caen restos de comida, y aunque sean mínimos, si permanecen allí mucho tiempo empiezan a descomponerse, y debido a las condiciones de calor y humedad las bacterias se multiplican como conejos.

¿Y cuál es el problema, si esas bacterias se van a quedar en el fregadero? El problema es que allí también lavas los vegetales, frutas y carnes que te vas a comer, y si un día te descuidas y los pones en la superficie del fregadero se convertirán en alimentos contaminados, y los tendrás que cocinar a muy altas temperaturas para poder consumirlos.

Y si era algo para comer crudo ahora lo mejor es tirarlo, y no estoy exagerando: he vivido infecciones estomacales y no se las recomiendo a nadie. No descuides la higiene de un lugar tan fundamental para la preparación de los alimentos.

Cada vez que termines de usarlo límpialo con cloro y desinfectantes, y no sólo limpies los alrededores: extrae la rejilla que cubre el desagüe y restriégala con un cepillo hasta deshacer todos los restos de comida atascados en las ranuras; remoja la esponja de fregar en agua con vinagre, o en agua con limón, ya que suele ser un refugio para la salmonella; y frota un trapo con vinagre sobre el grifo y sobre las llaves de abrir el agua, las cuales a menudo se tocan con las manos sucias.

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Si haces todo esto podrás despreocuparte e incluso poner tus frutas y verduras en el fondo del fregadero sin correr el riesgo de contraer ninguna enfermedad.

17. No limpiar el contenedor de la basura

Hay que dejar de pensar que, por ser el sitio donde va depositada la basura, poco importa si está limpio o sucio.

Todo lo contrario, un contenedor de basura sucio es la morada perfecta para las cucarachas, moscas y ratones, y una vez que te invade alguna de estas especies quedas por completo vulnerable ante las muchas enfermedades que transmiten a través de sus excrementos.

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Para limpiar tu contenedor de basura utiliza agua a presión, detergente y un cepillo para restregar. Al terminar déjalo boca abajo sobre un paño o trapo hasta que se haya escurrido, y repásalo con el paño para secarlo por dentro y por fuera.

Una vez que lo vuelvas a utilizar, lo más importante será la prevención:

  • Ponle dentro una bolsa plástica o una bolsa de basura reciclable. No arrojes la basura directo al contenedor.
  • No arrojes líquidos, a menos que se encuentren en envases con sellado hermético.
  • Saca la basura a diario, no importa que el contenedor aún no esté por completo lleno.
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  • Rocía con vinagre la parte externa del contenedor, utilizando un pulverizador para crear una capa muy ligera que se seque rápido. Esto sirve para espantar a los insectos y aplacar los olores de la basura.

Si tomas en cuenta estas medidas preventivas tu contenedor se mantendrá higiénico, y sólo tendrás que lavarlo 1 vez al mes.

18. Usar pesticidas químicos

Los pesticidas químicos generan más daños que beneficios. Su eficiencia es incuestionable, eso sí, pero ¿a qué coste?

Por mucho que especifiquen «para cucarachas», «para hormigas», o «para moscas», la composición de los pesticidas químicos afecta a todos los seres vivos en mayor o menor medida.

Los seres humanos y las mascotas somos muy vulnerables a los pesticidas. A través del olfato o de la piel es posible sufrir intoxicaciones que conduzcan a mareos, vómitos, migrañas, alergias y trastornos en el desarrollo y la reproducción. A veces ni siquiera es necesario utilizarlos, basta con que estén mal almacenados para que desprendan residuos químicos capaces de perjudicar tu salud.

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Muchas especies de insectos buenos, como mariquitas, escarabajos, polillas, y arañas inofensivas también mueren con el uso de los pesticidas. ¿Eso no te parece tan malo? Pues permíteme informarte que ellos son los que se encargan de controlar las plagas de insectos más pequeños en tu hogar, como moscas, mosquitos y hormigas.

Si justo ahora tienes un exceso de alguno de estos 3, ¿te has puesto a pensar que quizás es porque mataste a sus depredadores naturales? Opta por utilizar pesticidas hechos con ingredientes naturales, como limón, vinagre, bicarbonato de sodio o ajo, y dale una oportunidad a las especies bondadosas para que vuelvan a aparecer, y verás como poco a poco se restaura el equilibrio.

Si estás al borde del colapso con las plagas y no quieres esperar, siempre puedes utilizar los métodos de erradicación físicos, como trampas y cepos para los ratones, o pegamentos y aspiradores para las cucarachas.

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Si nada de esto te sirve y en definitiva prefieres seguir usando los plaguicidas, entonces no me queda otra que darte estos consejos para que minimices sus efectos negativos:

  • Aleja todos los alimentos, utensilios de cocina, cuencos de mascotas, ropa o juguetes del área en la que vas a rociar el pesticida.
  • Protégete con guantes y mascarilla durante el uso.
  • Lee la etiqueta para revisar las instrucciones y estar al tanto de las contraindicaciones.
  • No utilices un pesticida químico que no tenga etiqueta informativa, pues si ocurre una intoxicación no tendrás ninguna referencia que llevar contigo al centro de salud para que sepan como proceder ante tu caso.
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  • Abandona el espacio que fumigaste durante al menos 2 horas.
  • Al volver al espacio fumigado abre todas las ventanas y pon a funcionar un purificador de aire durante otras 2 horas.
  • Si vas a esparcir los pesticidas en el patio o jardín, asegúrate de posicionarte de espaldas al viento.
  • Para guardar tus pesticidas químicos selecciona un lugar seco y fresco que se encuentre fuera de las habitaciones principales de la casa, de preferencia en el sótano, garaje o patio, almacenados en un estante con puertas que se puedan cerrar bajo llave o candado.

Es difícil que te hayas identificado con todos los 18 errores, pero con toda seguridad varios de ellos te van a resultar de inmensa utilidad para motivarte a limpiar más a fondo la casa, y así protegerte a ti y a tu familia de muchas enfermedades.

Recuerda que la salud personal y la paz mental son un reflejo de la higiene en tu hogar.

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